LEYENDAS.- El milagro de la campana de la Virgen de la Peña

Leyendas de Calatayud por Carlos De La Fuente
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Antes de nada ustedes verán, que al autor del presente artículo, le ha tocado la dura labor de “estrenarse” en medio de estos días inciertos de epidemia, relatando pequeñas leyendas y chascarrillos, sucedidos en la ciudad de Calatayud, a lo largo de su dilatada historia.


Precisamente aprovechando este guiño a la actualidad, les haré saber que, en tiempos pretéritos, la capital bilbilitana no fue ajena tampoco al efecto de las terribles pestes que asolaron, con dureza, nuestra patria chica. Los bilbilitanos, entonces, aparte de adoptar medidas durísimas para frenar su avance, también miraban al cielo implorando la intercesión de los santos, como San Roque, San Íñigo, o también de la Virgen.

Sin duda, la devoción mariana más querida en la ciudad es, desde época medieval, la Virgen de la Peña y, precisamente sobre uno de los milagros protagonizados por ésta, trata nuestra primera leyenda. Para eso dejemos de lado por un momento la incierta actualidad, y acordémonos de la campana de la Virgen de la Peña, aquella bajo la cual, según cuenta la tradición, se apareció la patrona de esta antigua Bílbilis. Pues bien, no sé si el respetable público conoce pero esa campana, fundida y refundida a lo largo de los tiempos, y a pesar de los avatares históricos, resuena todavía en el pequeño campanario de su santuario.

Así fue también antaño cuando, en lugar de una pequeña torre, la entonces suntuosa iglesia de la Virgen de la Peña contaba con dos. Uno de los campaneros que se ocupaban de hacerla tañer a diario, precisamente, era un jovenzuelo que ponía mucho empeño y cariño a su bonita labor. Y fue en una de esas veces, en las que nuestro amigo se encontraba pues encaramado al campanario, tocando al vuelo el sonoro metal, que el joven, afanado tanto en su trabajo, terminó precipitándose al vacío a través de los angostos vanos de la torre. Este se hallaba asido a la cuerda de la campana que hacía un momento tocaba con brío. Imaginad esos minutos horripilantes de angustia, de miedo, de pánico, en los que el protagonista creía que su corta vida llegaba a su fin, aproximándose, de manera peligrosa, al suelo de la plazoleta que se hallaba frente al templo. En aquel momento terrible, sin embargo,los labradores que se hallaban en los contornos y que contemplaban atónitos la escena, comenzaron a entonar desconsolados, una breve oración pidiendo auxilio a su Virgen de la Peña. De repente, como por arte de magia, la campana de manera sorprendente, empezó a girar de forma alocada. Este movimiento hizo que la cuerda, que era agarrada con tesón por el chaval, se enrollara alrededor del metal y éste ascendiera mientras se escuchaba el alegre jolgorio que producía el bronce. Aproximándose al hueco del campanario, cuando el chico se creía morir debido a su estrechez, éste lo engulló dejando a la criatura sana y salva de todo peligro. Los vecinos del arrabal de la Peña, que habían contemplado estremecidos aquel terrible espectáculo, no podían creer, al subir a la torre, que nuestro compañero de fatigas se encontrara en aquel momento sin un rasguño, de rodillas, y dando gracias por el milagro a la Virgen de la Peña, con gran fervor.

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