MALUENDA.- De cuando los españoles eramos los que emigrábamos como mano de obra para el campo

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La décimo primera edición de Crónicas de un Pueblo girará en torno a la recogida de la “Beta Vulgaris”

Ibdes


Conocer la historia de nuestros antepasados, no la historia general sino la vida de nuestros padres y abuelos, nos puede servir en muchos aspectos y desde luego nos ayuda a crecer como personas y también a entender lo que fuimos y lo que somos, el camino recorrido, el lugar donde estamos en la actualidad, y también a comprender a otros hombres y mujeres que en estos momentos nos encontramos en nuestros lugares en temporadas, por ejemplo de recolección, y es que no hace mucho tiempo que los que marchábamos a otros países eramos nosotros.
El que más y el que menos conoce algún familiar o le han hablado de esos comarcanos que marchaban a Francia principalmente para la vendimia. Mano de obra que se necesitaba en esos lugares y dinero para los habitantes de nuestra zona que tan bien les venía en unos momentos de apuros económicos y de arranque del desarrollo en el que nos hemos visto envueltos en las últimas décadas. Sin embargo, a más de uno le podrá sorprender, que muchos habitantes de nuestros pueblos no viajaban a Francia para vendimiar, sino que lo hacían para la recogida de la remolacha.
Y precisamente es este el hilo conductor de lo que será la décimo primera edición de las Crónicas de un Pueblo de Maluenda. Unas fiestas declaradas de Interés Turístico Regional, que tendrán lugar los días 29 y 30 de septiembre y que en esta ocasión nos llevará a conocer aquellos años en los que durante largas temporadas vecinos de Maluenda emigraban para trabajar en Francia, especialmente en estos campos de remolacha. Este será el hilo conductor de estas jornadas que nos hablan de un pasado relativamente cercano, de tiempos en ocasiones difíciles y del esfuerzo y la calidad humana de todos nuestros antepasados.

Documentarse y preparar la jornada
Son ya once los años en los que desde Maluenda se recuerdan esos años  del siglo XX. Cada año con un tema para servir de hilo conductor de un buen número de actividades en los que no falta la diversión, el teatro y el ambiente festivo por las calles. Pero para llevar a cabo estas jornadas por detrás hay un intenso trabajo desde documentación, ensayos, preparativos y un largo etcétera, de un grupo de personas que forman el grueso de Crónicas de un Pueblo, que eso sí, cuentan con el apoyo de todos los habitantes de la localidad.
Todo empieza con la documentación. En este sentido, Esperanza Sánchez, una de las integrantes del grupo que prepara estas fiestas, nos comentaba lo siguiente, “cada año buscamos un tema. Normalmente nos tenemos que documentar principalmente de los archivos, pero este año de la recogida de remolacha hemos tenido la suerte de que tenemos todavía vecinos que vivieron esa situación. Localizamos a unas 12 personas, (casi todos hombres), que marcharon a Francia todas las temporadas en dos ocasiones, la primera para rascar la tierra y quitar las malas hierbas, y la segunda para la recogida de la remolacha. Han sido ellos los que nos han contado sus experiencias”.
Estos vecinos de Maluenda marchaban en dos campañas cada temporada. Principalmente se emigraba al norte de Francia, donde abundaba el cultivo de la remolacha y donde necesitaban mano de obra. Marchaban al departamento de Nord-Paso de Calais, a Orleans, Grandpuits, Frignicourt, Laon, Saacy-sur Marne o Vailly entre otros lugares. En ocasiones se quedaban muy cerca de la frontera entre Francia y Bélgica.
Como nos contaba Esperanza Sánchez, “no eran tan solo habitantes de Maluenda, sino que en otros pueblos de nuestra zona como Sabiñán o Sestrica, incluso tienen libros escritos de estas vivencias, que parece que ocurrieron hace muchos años, pero que realmente no son tantos”.
Algunos se pondrán sorprender de que fueran a trabajar la remolacha y no a vendimiar, que más o menos es lo que todos conocíamos, la respuesta quizás es más sencilla de lo que pensamos, como cuenta Esperanza, “quizás desde Maluenda no se marchaba a vendimiar porque por entonces en la propia localidad contábamos con muchos viñedos y por lo tanto con mucha uva que recoger”.

Una historia de necesidades
Durante los años cuarenta y cincuenta, España vivió una dura posguerra, caracterizada por la autarquía, el bloqueo y el aislamiento internacional, la escasez y el hambre y un ritmo de crecimiento económico muy bajo, debido a una producción predominantemente agrícola. Esta situación provocó la emigración del campo a la ciudad y empujó a muchos a buscar también la emigración a Europa.
Los países europeos occidentales vivían, desde los años cincuenta, un boom económico, que no sólo ayudó a sus economías a recuperarse tras la Segunda Guerra Mundial, sino que las llevó a una era de prosperidad y abundancia, conocida como los “treinta gloriosos”. Sus economías -basadas en un fortísimo sector industrial, organizado sobre la producción en masa y atendida por trabajadores no especializados- crecían a tal ritmo que pronto se vieron obligados a recurrir a mano de obra extranjera. Además, aquellos países habían sufrido una importante disminución de su población activa, principalmente masculina, a causa de la guerra.  Fueron los pueblos del sur de Europa: españoles, italianos, portugueses, griegos y turcos, cuyas economías se encontraban estancadas, quienes se desplazarían a los países industrializados del norte europeo: Francia, Alemania, Suiza, Bélgica, Holanda y Reino Unido, principalmente.
El sector más modesto de la clase trabajadora española fue empujado por las "leyes del mercado" a cruzar los Pirineos en una incierta aventura que en muchos casos resultaría más beneficiosa para la nación de origen que para el propio emigrado. Su objetivo era huir del paro o de un trabajo precario y de unas condiciones de vida muy deficientes que no les permitían sacar adelante a sus familias. Y era en Europa donde pretendían alcanzar mejores niveles salariales y condiciones laborales.
Entre 1960 y 1973 emigraron a Europa alrededor de dos millones de españoles, principalmente de Andalucía, Extremadura, Galicia, Asturias, Castilla y León, Aragón y Castilla La Mancha, aunque esta emigración arrancaba en los años cincuenta.


Las representaciones teatrales
Esta décimo primera edición de Crónicas de un Pueblo tendrá lugar durante los días, viernes 29 de septiembre y sábado 30. A lo largo del fin de semana son muchas las actividades que trasladarán a Maluenda al siglo pasado.
La jornada del sábado es donde se organiza el grueso de las actividades, pero el viernes tiene lugar la representación teatral que preparan con esmero los integrantes de Crónicas de un pueblo. Un trabajo que se prepara con mucho tiempo de antelación. “Entre el grupo motor que lo prepara hay que destacar el trabajo de dos pilares fundamentales como son Silvia Molina y Jesús Gil, que conocen muy bien el archivo histórico de Maluenda”, afirmaba Esperanza Molina.
La representación teatral tendrá lugar el viernes 29 de septiembre a las ocho y media de la tarde en el pabellón de Maluenda. Detrás de la representación se encuentra ese trabajo de documentación, la preparación del guión con un punto cómico y muchos, muchos días de ensayos. Incluso todo lo relacionado con el vestuario y los decorados.
Unas jornadas organizadas desde el Ayuntamiento de Maluenda con la participación en la misma de buena parte de la población.

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